Asesinato

Lunes Santo, 11 de abril de 1870

La noche de la tragedia es un evento que abarca no solo el asesinato de Justo José de Urquiza en el Palacio San José, sino también el asesinato simultáneo de sus hijos y la consecuente subversión del orden institucional que desencadenó la guerra civil en la provincia. El asalto, que ocurrió la tarde del 11 de abril de 1870, fue orquestado por el General Ricardo López Jordán, supuestamente con la intención inicial de secuestrarlo, aunque esa intención de captura, son solo conjeturas y nada hay de cierto, ya que el desenlace todos lo conocemos.

Portón lateral noroeste, por dónde ingresó la partida asesina el 11 de abril de 1870.
Entrada principal este, dónde se encontraba el Gral. Urquiza, al momento de ingresar la partida.

El Asalto y Muerte del General Urquiza

Justo José de Urquiza y García González (1801-1870)

El ataque a Palacio San José, ubicado cerca de Concepción del Uruguay, ocurrió alrededor de las 7:30 p.m.. Fue ejecutado por una «operación comando» que involucró a cerca de cincuenta hombres. Los líderes de la incursión fueron Simón Luengo, el Mayor Robustiano Vera (encargado de neutralizar a la infantería) y el Capitán José María Mosqueira (encargado de asegurar las puertas de entrada).

Al escuchar los gritos de los asaltantes, Urquiza corrió hacia su esposa, Dolores Costa, quien le alcanzó un pequeño rifle. Urquiza disparó, hiriendo a Álvarez y a Ambrosio Luna, antes de ser alcanzado por un balazo en la cara que lo derribó. Su hija, Dolores de Urquiza, se abrazó a su cuerpo, tratando de protegerlo. En ese momento, Nicomedes Coronel (Nico Coronel) se acercó e infirió varias puñaladas a Urquiza por debajo del brazo de su hija, lo que resultó ser la herida mortal.

Durante el asalto, los atacantes gritaban «Viva López Jordán» y «Muera el tirano Urquiza», a quien llamaban «tirano vendido a los porteños».

La figura de López Jordán Según la declaración de José María Mosqueira, el único entrerriano arrestado del grupo, López Jordán había ordenado tomar prisionero al General Urquiza, no matarlo, y había instruido respetar a la familia y los bienes. Mosqueira afirmó que el crimen ocurrió porque los asaltantes sintieron miedo al escuchar disparos de la guardia lejana, lo que lo convirtió en una «muerte política». A pesar de esta versión, la Fiscalía del juicio consideró que la muerte de Urquiza «fue un verdadero asesinato, fue el proyecto premeditado de unos pocos».

El revelador relato de Julián Medrano, como testigo del asesinato

Diario LA PAZ de Nogoyá – Abril 15 de 1871
Conversión de texto a voz (TTS) de la narración de Julián Medrano, sobre el asesinato

La descripción detallada del asalto y asesinato del General Justo José de Urquiza, según los testimonios y escritos del doctor Julián Medrano, su secretario particular, ofrece un recuento vívido de los trágicos eventos del Palacio San José.

Medrano, quien fue testigo presencial del inicio del ataque, ubicó el momento cerca de las siete y media de la tarde del 11 de abril de 1870. Señaló que la luna iluminaba la tierra que aún estaba empapada por cinco días y medio de lluvia.

El asalto y la consigna

Al escuchar un «tropel» (ruido de tropa) que se dejaba sentir hacia la puerta del portón de la Capilla, Medrano salió en compañía de otras personas para investigar. Allí vio a un grupo de entre cuarenta y sesenta hombres a caballo que entraban al patio, echaban pie a tierra y se dirigían al segundo patio.
El ataque, que él atribuyó a una orden del general Ricardo López Jordán, fue acompañado de gritos que revelaban la intención política del crimen:

  • «¡Viva el General López Jordán! ¡Muera el tirano Urquiza!».

Medrano, al encontrarse a unos diez pasos de los asaltantes, dio la voz de alarma a la guardia, compuesta por seis soldados y un cabo. Inmediatamente, escuchó dos balas chasquear cerca de sus oídos, seguidas de una descarga.

En ese instante, oyó la voz del General, quien solo alcanzó a exclamar: «¿Que bulla es ésa?».

El ataque al General

Según el relato de Medrano, el grupo principal, comandado por el Coronel Simón Luengo, se lanzó hacia donde estaba el General. El mismo Medrano se cruzó con Luengo en el jardín, indicando que el líder no había entrado por el portón de la Capilla sino por el jardín, dirigiéndose a la puerta del primer patio.
Los asaltantes ingresaron a la residencia «por ambas puertas». El tiroteo se generalizó en las piezas, cesando finalmente en el dormitorio del General.

Medrano atestiguó la desesperada defensa de las hijas de Urquiza:

  • Su hija Dolores intentó protegerlo usando una espada.
  • Su hija Justa, por su parte, trataba de evitar los disparos con una almohada.

El General cayó abatido por un disparo efectuado por Ambrosio «el pardo» Luna, que le acertó junto a la nariz y le salió detrás de la oreja, quitándole la vida. Cuando Urquiza cayó, Nicomedes Coronel se acercó e le infirió cuatro puñaladas con una daga (una en la espalda y tres en la tetilla izquierda), por debajo del brazo de su hija Dolores, quien abrazaba el cadáver. Medrano confirmó que Dolores hirió levemente a José María Mosqueira con la espada.
Medrano se dio cuenta de que Urquiza había muerto cuando logró ver los pies del General por las ventanas entreabiertas y escuchó los lamentos de la esposa y las hijas.

Después del crimen

Medrano escapó para buscar a alguien que llevase aviso al ministro Sagastume. Cuando regresó a San José cerca de las 10 de la noche, los invasores aún permanecían en el Palacio, donde «estaban cenando».
En su declaración en el proceso judicial, Medrano recogió la versión de que Luengo llevaba instrucciones secretas de cortarle la cabeza al General Urquiza para presentársela a López Jordán. Además, el cordobés Capitán Álvarez fue señalado por Medrano como un notorio saqueador en la casa.

El relato de Julián Medrano ilustra la naturaleza sorpresiva y premeditada del crimen, siendo el Palacio San José «invadido por ambas puertas» y la escena final un acto de salvajismo consumado en el seno del hogar. Fue, como él mismo lo recordó, un evento «de imperecedero recuerdo».

Testigos del asalto a San José

A continuación, se presenta un listado de las personas que se encontraban en el Palacio San José y en las inmediaciones cercanas, según los registros de declaraciones y la crónica del evento:

Personas en la residencia (Víctima, Familiares y Residentes)

La víctima y su familia inmediata presente en el momento del asalto:

  1. Doña Dolores Costa (esposa del General), la primera en declarar, quien le acercó un arma a su esposo.
  2. Dolores de Urquiza (hija), quien estaba abrazada a su padre cuando fue ultimado.
  3. Justa de Urquiza (hija), quien presenció las puñaladas y estaba junto a su hermana Dolores.
  4. Candidita (hija), la hija pequeña, que según referencias se encontraba en el lecho matrimonial en el momento del crimen.
  5. Flora de Urquiza (hija).
  6. Micaela de Urquiza (hija).
  7. Teresa de Urquiza (hija).
  8. Micaela B. de Costa (suegra del General).
  9. Dolariza Costa de Balestrin (cuñada de la víctima).
  10. Doña Francisca Brizuela (tía política del General).

Personal de la Administración, Empleados y allegados:

  1. Dr. José Romualdo Baltoré (Ministro Secretario del General Urquiza), quien estaba en la secretaría particular en la entrada principal.
  2. Juan P. Solano (administrador del General), conversaba con Urquiza en la galería.
  3. Dr. Julián Medrano (Secretario particular del General), quien salió a buscar ayuda después del asalto.
  4. Carlos Leist (Profesor de música), se encontraba en la quinta, escuchó disparos e intentó ingresar a la residencia.
  5. Sacerdote Genaro Rodríguez (Capellán).
  6. Avice Marín (jardinero), quien estaba en la casa del herrero y solo oyó ruidos.
  7. José Corazini (cocinero), quien solo escuchó tiros y gritos por estar lejos.
  8. Andrés Rigoli (jardinero), quien solo escuchó tiros y gritos por estar lejos.
  9. María Antonia Urquiza (personal doméstico).
  10. Carmen Barceló (personal doméstico).
  11. Antonio Sena Suárez (comerciante, se encontraba circunstancialmente).
  12. García (persona de la cual no se especifican circunstancias).
  13. Molina (paisano que había vendido unas vacas y esperaba ser atendido).
  14. Juana (miembro del personal doméstico o sirvientes).
  15. Segunda (miembro del personal doméstico o sirvientes).
  16. Victoria (miembro del personal doméstico o sirvientes).
  17. Elena (miembro del personal doméstico o sirvientes).
  18. Ángela (miembro del personal doméstico o sirvientes).
  19. Ceferino Astudillo (miembro del personal doméstico o sirvientes).
  20. Giuseppe (miembro del personal doméstico o sirvientes).
  21. Tomasa (miembro del personal doméstico o sirvientes).

Personal de Guardia o Miliciano que se encontraba en el Palacio:

  1. Capitán Carlos Anderson (Jefe de la guardia del Palacio), fue aprehendido por José María Mosqueira.
  2. Juan Anderson (miembro de la custodia/hermano de Carlos), quien se hallaba preso con Baltoré.
  3. Soldado 1 (soldado – custodia interna del Palacio).
  4. Soldado 2 (soldado – custodia interna del Palacio).
  5. Soldado 3 (soldado – custodia interna del Palacio).
  6. Soldado 4 (soldado – custodia interna del Palacio).
  7. Soldado 5 (soldado – custodia interna del Palacio).
  8. Blas Pérez (retenido con el Dr. Baltoré).
  9. Fausto Avendaño (retenido con el Dr. Baltoré).
  10. Clemente (retenido con el Dr. Baltoré).

Personas en los Alrededores (Asaltantes y Guardia Externa)

Los asaltantes y conspiradores que ingresaron a la residencia o participaron en la operación:

  • El asalto fue ordenado por el General Ricardo López Jordán.
  • El grupo que entró en Palacio San José el 11 de abril de 1870 era de ocho hombres (según un recuento posterior), pero la operación comando involucró a un total de medio centenar de hombres, divididos en tres grupos.
  • Coronel Simón Luengo (jefe de la banda que ingresó).
  • Capitán José María Mosqueira (encargado de las puertas, el único entrerriano del grupo).
  • Mayor Robustiano Vera (debía neutralizar el cuerpo de infantería del Palacio/atacó la guardia).
  • Nicomedes Coronel o «Nico Coronel» (dio las puñaladas).
  • Ambrosio Luna o «negro Luna» (le dio el balazo a Urquiza).
  • N. Álvarez o Capitán Álvarez (cordobés).
  • Facundo Teco.
  • Juan Pirán.
  • Pedro Aramburú.
  • Agustín Minuet (o «Minué»).
  • Mateo Cantero.
  • N. Vargas.
  • N. Amarillo.

Fuerza de Guardia en los cuarteles cercanos (a 1500-1700 metros de la residencia):

  • Mayor Robustiano Vera (lideró el grupo atacante).
  • Capitán Miguel Míguez (Jefe de la fuerza de infantería en el cuartel).
  • Teniente Basualdo (al mando de la guarnición).
  • Un grupo de hombres (Guardia de la casa) de aproximadamente 30 soldados.
  • Juan Aramburu (acompañó a Vera en el ataque a la guardia).

La banda asaltante y criminal

Listado completo de las personas identificadas en las fuentes como participantes directos en la banda asaltante, incluyendo líderes de la conspiración y ejecutores materiales del crimen:

Líderes y organizadores del ataque (Desde el 9 de abril)

  • Ricardo López Jordán: General que ordenó el asalto. Él impartió la orden de apresar al General Urquiza. El 9 de abril dio directivas, y el 12 de abril se encontraba en las inmediaciones del Arroyo Molino.
  • Simón Luengo (Coronel): Jefe principal de la banda asaltante. Dio instrucciones y dirigió al grupo que ingresó a la residencia. Las hijas del General (Dolores y Justa) lo nombraron entre los que entraron al palacio. Fue la persona que, según José Baltoré, requirió la ubicación de Urquiza.
  • Robustiano Vera (Mayor): Encargado de liderar el grupo que debía neutralizar la guardia de infantería del Palacio, ubicada a mil quinientos metros. Salió de Arroyo Grande el 9 de abril junto a Mosqueira.
  • José María Mosqueira (Capitán): Encargado de tomar las puertas posteriores de la entrada al Palacio. Recibió órdenes el 7 de abril y salió el 9 de abril desde Arroyo Grande hacia la Estancia San Pedro. Fue el único entrerriano del grupo de ocho que entró al Palacio el 11 de abril de 1870.

Ejecutores materiales y participantes directos (El 11 de abril)

Las siguientes personas fueron identificadas en declaraciones de testigos o en el proceso judicial como parte del grupo que asaltó el Palacio:

  • Nicomedes Coronel («Nico Coronel»): Nombrado como el ejecutor de las puñaladas a Urquiza. Era mayordomo de la Estancia San Pedro, propiedad de Urquiza.
  • Ambrosio «Pardo» Luna («negro Luna»): Nombrado como quien disparó la bala que hirió a Urquiza en la cara. Luna era capataz en la Estancia San Juan.
  • N. Álvarez (Capitán Álvarez / cordobés Álvarez): Disparó un tiro que alcanzó a quemar el bigote de Urquiza. También fue identificado entre quienes ingresaron a la habitación para ultimar al General.
  • Facundo Teco («negro Teco»): Identificado entre los que entraron en la residencia. Era marcador de ganado, empleado de Urquiza.
  • Pedro Aramburú: Mencionados entre los que entraron, era sobrino del sacerdote español Domingo Ereño (1811-1871).
  • Juan Pirán: Mencionados entre los que entraron. Era pulpero del distrito Gená.
  • Agustín Minué (N. Minué): Mencionado como uno de los que marcharon a San José con Luengo.
  • Mateo Cantero: Mencionado como parte de la gavilla.
  • Vargas: Mencionado como parte de la gavilla.
  • Amarillo (joven Amarillo): Mencionado como parte de la gavilla. Había sido dependiente de Federico Averasturi.

El total de hombres que participaron en la operación de asalto (divididos en tres grupos: el de Vera, el de Mosqueira y el de Luengo) fue de aproximadamente cincuenta a sesenta hombres.

La Extensión de la Tragedia: Asesinatos en Concordia

Waldino de Urquiza y Calvento (1827-1870)
Justo Carmelo de Urquiza y Zambrana (1840-1870)

La Tragedia de Entre Ríos se extendió más allá de San José, con el objetivo de producir una acefalía completa del poder y eliminar a los posibles vengadores.

Waldino de Urquiza y Calvento

Contexto y Razón del Asesinato

El coronel Waldino de Urquiza era hijo del General Justo José de Urquiza y ostentaba el cargo de Comandante Militar del departamento de Concordia. Las fuentes lo describen como el brazo derecho del General. Era un militar recto, de carácter duro y autoritario, que hacía respetar el poder de su padre, quien estaba constantemente amenazado por sus encarnizados enemigos.

La ejecución de Waldino y su hermano, Justo Carmelo, formaba parte del plan general de los conspiradores — liderados por Ricardo López Jordán — porque temían que, de sobrevivir, serían los vengadores de su padre. De hecho, Waldino fue la primera de las víctimas en Concordia porque era a quien más temían los complotados, debido a su prestigio personal y político y su ascendiente sobre la población.

Lugar y Momento de la Captura

El asesinato ocurrió en Concordia el 11 de abril de 1870, en el mismo anochecer en que su padre fue atacado en el Palacio San José.

Waldino de Urquiza residía en la casa ubicada en la esquina de las calles 1º de Mayo y Pellegrini, frente a la plaza principal y al lado de la Jefatura de Policía.
Su captura ocurrió entre las once de la noche y la una de la madrugada.

Trampa y el Secuestro

Un grupo de varios hombres a caballo llegó y llamó a la casa del coronel. Waldino salió rápidamente, vestido en paños menores y cubiertas sus espaldas con un poncho de vicuña.

Al inquirir las causas del llamado, uno de los asesinos, quien era conocido del Jefe, le tendió una trampa, diciéndole que su compadre y amigo, el coronel Domingo González, emigrado uruguayo, se encontraba gravemente enfermo y le rogaba que fuera inmediatamente a su casa.

El coronel Urquiza, ya pasado todo temor, se encontraba sobre el cordón del zaguán cuando los asaltantes actuaron. En un momento decisivo, los demás hombres le tiraron un poncho sobre la cara y lo maniataron y aprehendieron rápidamente. Este acto se consumó dentro del mayor silencio y en brevísimos segundos.

Ejecución y el Despojo del Cadáver

Una vez capturado, fue enseguida enancado sobre un caballo. La partida de asesinos enfiló velozmente por la calle 1º de Mayo.
Al llegar a la altura del Cementerio Viejo, los hombres lo ultimaron lanceándolo ferozmente. Luego arrojaron su cuerpo a través del muro del mencionado cementerio y lo dejaron abandonado antes de huir de regreso al centro de la ciudad para continuar sus «obras nefastas».

Días después de estos trágicos sucesos, el cadáver de Waldino de Urquiza fue sepultado sin ceremonia alguna. Las hijas del General, Dolores y Justa, testificaron haber escuchado a los asesinos confirmar sus intenciones de matar también a los hijos varones, ya que escucharon que “estarían ya muertos D. Justo Carmelo y D. Waldino Urquiza».

Justo Carmelo de Urquiza y Zambrana

Identidad y contexto de la víctima

Justo Carmelo de Urquiza, también conocido como Justo del Carmen o «Justito», ostentaba el grado de coronel y era el Jefe Político del departamento de Concordia desde hacía varios años. Las fuentes lo describen como un hombre de sanas costumbres, muy de su casa y querido por la población.

Su eliminación, al igual que la de su hermano Waldino, era considerada necesaria por los conjurados para que el golpe contra el General Justo José de Urquiza tuviera éxito, ya que temían que fueran los vengadores de su padre.

Lugar y autores del crimen

El asesinato de Justo Carmelo ocurrió en el hotel «La Provincia», situado en la calle Entre Ríos N° 526 en Concordia. Este establecimiento era propiedad del coronel uruguayo Federico Aberasturi.

Esa noche, Justo Carmelo se encontraba como era su costumbre, entregado a una tranquila partida de naipes y tomando mate en compañía de un grupo de hombres, entre los que se contaban:

  • Federico Aberasturi (el propietario).
  • Don Mariano Querencio.
  • Jeneiro.
  • Herrera.

La tarea específica de ejecutar a la víctima había sido sorteada privadamente entre los complotados, y la misión recayó sobre el mencionado Herrera.

La ejecución

La partida de naipes se desarrollaba tranquilamente mientras Justo Carmelo estaba sentado al borde de una cama. La señal para proceder a la ejecución fue la llegada a la puerta de la pieza de varios personajes emponchados, quienes anunciaban que Waldino ya había sido asesinado. Días después se escuchó a los asesinos confirmar que «estarían ya muertos D. Justo Carmelo y D. Waldino Urquiza».

Al ver a los hombres emponchados, Mariano Querencio se levantó y desenfundó dos pistolas, con las que intimó la rendición a Justo Carmelo. Querencio le comunicó que había estallado un movimiento revolucionario contra su padre, anunciándole que este y su hermano Waldino acababan de morir.

Instantáneamente, tras la intimidación, Herrera, el ejecutor trágico, le dio una terrible puñalada en el pecho, lo que causó que Justo Carmelo cayera inerme.

Profanación y hallazgo del cadáver

Una vez consumado el crimen y cerciorándose de su muerte, los asesinos rodearon a Justo Carmelo y lo metieron en una bolsa.

El cuerpo fue arrastrado por las calles de Concordia al ser atado a la cola de un caballo. Finalmente, lo llevaron hasta un bañado, cerca del Yuquerí, frente al viejo hipódromo (conocido como Paso de la Barca). Allí lo dejaron abandonado y cubierto con ramas para encubrir su crimen.

El mutilado cadáver fue hallado casualmente algunos meses después por un niño de las inmediaciones, apellidado Ruggero, que vivía cerca de unos hornos, y se dijo que pertenecía al ex jefe desaparecido.

Los asesinos en San José mencionaron haber escuchado que Justo Carmelo y Waldino «estarían ya muertos», lo que evidencia la coordinación y el plan siniestro contra la familia.

Consecuencias Políticas y la Guerra Civil

El asesinato de Urquiza y sus hijos en abril de 1870, y la toma del mando por López Jordán, tuvieron repercusiones inmediatas en el orden nacional.

Ascenso de López Jordán y Crisis Constitucional A los pocos días del crimen, el 14 de abril, la Legislatura de Entre Ríos eligió a Ricardo López Jordán como Gobernador para terminar el período legal del anterior. Este acto fue considerado inconstitucional. La Constitución provincial establecía que, en caso de muerte del Gobernador, se debía elegir a un «provisorio inmediatamente». Además, las disposiciones adoptadas bajo la coerción de la fuerza armada eran «nula de derecho», y había constancia de la presión ejercida por López Jordán y sus hombres en la Capital.

La Intervención Federal y Guerra Civil El Presidente Domingo Faustino Sarmiento reaccionó enérgicamente. Desconoció la elección de López Jordán, calificó el asesinato como un crimen que «causó tremenda conmoción en la República», y subrayó que la Constitución Nacional no admitía que «la elevación del asesino al poder que deja vacío el asesinado». Sarmiento ordenó la intervención militar de la provincia (abril de 1870). El Poder Ejecutivo consideró inaceptable que se permitiese «asesinar gobernadores de provincias sin prestar a las leyes y la moral conculcados, el apoyo de la Nación». López Jordán, al frente del gobierno, se rebeló contra la autoridad federal, lo que desencadenó la guerra civil que asoló a Entre Ríos por casi una década.

El Destino de los Restos y la Búsqueda de Justicia

La búsqueda de justicia fue lenta y parcial. El proceso judicial contra Mosqueira no comenzó hasta agosto de 1871 y terminó sin sentencia debido a su fallecimiento en 1874. La mayoría de los demás asesinos huyeron a territorios vecinos.

Manipulación del Cadáver y el Mito El cuerpo de Urquiza fue inicialmente velado en la casa de su hija Ana de Urquiza (esposa de Benjamín Victorica) en Concepción del Uruguay y sepultado en el cementerio local el 13 de abril de 1870. Fue trasladado en 1871 o 1872 a la cripta de la Iglesia Parroquial.

La imagen del cadáver, donde se apreciaban la herida de bala en la boca y los puntazos, fue capturada en una fotografía no autorizada por los hermanos Guillermo y Augusto Aráoz poco después de su muerte.

Con el tiempo, el cadáver del General fue objeto de múltiples intervenciones que algunos historiadores califican de «necrofilia oficial»:

• El féretro fue abierto en 1871 para una inspección supuestamente higiénica antes de ser trasladado a la iglesia.

• Posteriormente, debido al mito de que su lugar de entierro era desconocido, la cripta fue abierta en 1951.

• El esqueleto fue removido, desarmado, y manipulado en al menos cuatro ocasiones. Durante estas revisiones no especializadas, se confirmó que las puñaladas de Nico Coronel fueron la causa de muerte, ya que la prótesis dental de Urquiza detuvo la bala.

• Partes de sus restos, como su prótesis dental, fueron sustraídas para ser exhibidas en el Palacio San José.

En 1967, se inauguró un Mausoleo definitivo para sus restos en la iglesia.

Mascarilla tomada a Justo José de Urquiza, el día martes 12 de abril de 1870.

  • Mascarilla 01: Fotografía de la mascarilla, tomada del perfil izquierdo, por dónde ingresó la bala. Fuente: MHN – Foto: Ezequiel R. Parisi
  • Mascarilla 02: Fotografía de la mascarilla, tomada de frente. Fuente: MHN – Foto: Ezequiel R. Parisi
  • Mascarilla 03: Fotografía de la mascarilla, tomada del perfil derecho. Fuente: MHN – Foto: Ezequiel R. Parisi

Línea de tiempo del trágico suceso

abril 9, 1870

Conspiración en la estancia Arroyo Grande

Ricardo López Jordán se reune con José María Mosqueira y otros asaltantes en su estancia de Arroyo Grande (cerca de Concordia), para planificar el recorrido, acceso e instrucciones para atacar al Gobernador Urquiza.

abril 9, 1870
abril 10, 1870

Camino a San Pedro

La tropa de asaltantes marcha hacia la estancia San Pedro, en medio de campos atravesados por arroyos crecidos y desbordados, por el gran temporal de cinco días.

abril 10, 1870
abril 11, 1870

En la estancia San Pedro

El primer grupo se reune con Simón Luengo, Nicomedes Coronel y 20 sujetos más, para asaltar la residencia del General.

abril 11, 1870
abril 11, 1870

Camino a San José

La tropa ya completa, se dirige camino directo al Palacio, juntándose en el puente Carazú y posteriormente cruzando a nado el río Gualeguaychú, crecido por la abundante lluvia de días atrás, con el fin de posicionarse por detrás del lago artificial a 1 km de distancia, al oeste del edificio.

abril 11, 1870
abril 11, 1870

Asalto a San José

División de tareas
Cerca de las 19:00 hs y cercanos al Palacio, por la zona posterior al lago, se dividen los grupos de la siguiente manera:
Robustiano Vera, junto con un grupo de hombres, fue enviado a neutralizar la guardia de infantería que custodiaba el Palacio, ubicada a unos 1,700 a 2,000 metros de distancia.
José María Mosqueira recibió la orden de tomar la pequeña guardia y asegurar las puertas de entrada de San José, para sostenerse allí hasta que el grupo principal entrase y saliese.
El grupo de asalto, encabezado por Luengo, Nicomedes Coronel y Ambrosio Luna, fue el que ingresó a la residencia, presumiblemente por la puerta posterior o el portón de la Capilla, alrededor de las 7:30 p.m..

Asesinato
Al escuchar el tumulto y los gritos de «¡Viva López Jordán! ¡Muera el tirano Urquiza!», el General Urquiza se dirigió a su dormitorio, donde su esposa, Dolores Costa, le entregó un pequeño rifle. Urquiza se enfrentó a los asaltantes y disparó, hiriendo a Ambrosio «Pardo» Luna.
Los atacantes respondieron con una descarga. Una bala impactó a Urquiza en el rostro, haciéndole caer en los brazos de su hija Dolores, que intentaba protegerlo. Nicomedes Coronel, al ver que el general todavía estaba vivo, se acercó e infirió varias puñaladas con su daga por debajo del brazo de su hija, consumando el asesinato.
Durante el asalto y el crimen, Mosqueira y otros aseguraron a las hijas del general que la guerra no era con ellas, sino con el «tirano y sus hijos varones».

Salida de San José
Consumado el crimen, los asaltantes registraron algunas habitaciones en busca de bienes, llevándose armas, ganado y carruajes. Mosqueira, tras ser informado por Luengo de la muerte de Urquiza, procedió a asegurar la rendición de la guardia en el cuartel, afirmando que López Jordán lideraba una gran revolución y que el General Urquiza había muerto.
Finalmente, los invasores abandonaron el Palacio San José alrededor de la una de la madrugada del 12 de abril.

abril 11, 1870
abril 12, 1870

Cortejo hacia Concepción del Uruguay

• La columna mortuoria, que incluía al General Miguel Jerónimo Galarza y al Coronel Teófilo Urquiza, se trasladó desde el Palacio San José hacia el centro de Concepción del Uruguay.

Intimidación desde el monte
• La comitiva fue detenida cerca de la ciudad por las huestes del General López Jordán, quien se encontraba en el paraje de «La Seguridad» con una línea de soldados.
• El General Galarza se opuso a combatir y pactó con López Jordán para que la comitiva pudiera seguir su marcha sin ser molestada. López Jordán se mantuvo cercano, contemplando el féretro que pasaba por delante.
• La cortejo que transportaba los restos de Justo José de Urquiza, arribó a Concepción del Uruguay a las 2 de la tarde.

abril 12, 1870
abril 12, 1870

Casa de Ana Urquiza de Victorica

El cadáver fue depositado en la casa de Ana Urquiza de Victorica, hija del General, donde se estableció la capilla ardiente que se mantuvo durante todo el día 12 y la mañana del 13. Fue en este lugar donde se produjeron los actos de documentación póstuma solicitados por la familia y aquellos realizados subrepticiamente.

La Fotografía de los Hermanos Aráoz
Pocas horas después del asesinato, mientras el cuerpo yacía en la casa de su hija, los hermanos Guillermo y Augusto Daniel Aráoz, quienes tenían un estudio de fotografía en la ciudad, se las ingeniaron para registrar el cadáver.
• Los hermanos, cargando su máquina de fotos con su trípode y demás equipos, lograron colarse en la habitación donde estaba depositado el cadáver con el cajón abierto.
• Capturaron la famosa imagen que registra el medio cuerpo desnudo del General

El Reconocimiento Médico (Oficioso)
Durante el velatorio en casa de Victorica, surgió la idea del reconocimiento del cadáver. El Juez de Crimen, Dr. Exequiel Crespo, había recibido una orden verbal del Presidente del Superior Tribunal de Justicia para ordenar el reconocimiento facultativo.
• El Dr. Esteban del Castillo, médico de policía, junto con el Dr. Alejandro Forbes, realizaron una inspección «oficiosamente».
• El Dr. Del Castillo sondeó las heridas con el dedo, aunque no tenía los instrumentos necesarios para un examen completo y científico.
• Ambos clasificaron la herida de bala en la cara como mortal instantánea, y observaron otras cuatro o cinco heridas producidas por arma cortante aguda.
• El Escribano Dn. Campio Rodríguez se encargó de tomar los apuntes de los detalles médicos del reconocimiento.

La Mascarilla en Cera
Además de la fotografía, el arquitecto Don Enrique Delor, vecino de la ciudad, tomó una mascarilla en cera sobre el rostro yacente del prócer. Esta mascarilla fue después moldeada en yeso. Décadas más tarde, la mascarilla de yeso, que quedó en poder de la familia Delor, fue obsequiada y posteriormente donada por el Dr. Luis María Campos Urquiza al Museo Histórico Nacional, donde se hicieron reproducciones en bronce, una de las cuales se exhibe en el Palacio San José.

abril 12, 1870
abril 13, 1870

Cortejo Fúnebre hacia el Cementerio

• Funeral y Entierro: Se realizaron las solemnes honras funerarias en el templo parroquial de la Purísima Concepción. Posteriormente, el cadáver fue sepultado en el Cementerio Público de la ciudad con una gran concurrencia de público.
• Asistencia: Se destacó que, a pesar de la importancia del prócer, la concurrencia de caballeros no fue acorde, y se notó la ausencia de las autoridades y de muchos que antes le habían adulado y buscado favores. No obstante, el Dr. Zarco fue uno de los que habló sobre la tumba del General..

abril 13, 1870

El proceso Mosqueira

El análisis del proceso judicial contra José María Mosqueira es inseparable del estudio de las consecuencias y el legado que dejó el asesinato del General Justo José de Urquiza en el Palacio San José el 11 de abril de 1870. Este proceso, aunque inconcluso, sirvió como un registro fundamental de los hechos y expuso las complejas dinámicas políticas y la impunidad que rodearon la tragedia.

El Proceso Judicial a José María Mosqueira: Demora e Implicancias

El inicio del proceso judicial se demoró significativamente, comenzando recién en agosto de 1871, dieciséis meses después del crimen, a causa de la lucha armada que vivía la provincia de Entre Ríos. José María Mosqueira, el único entrerriano de la banda asaltante, fue el único hombre capturado de los ocho que entraron a Palacio San José. Fue apresado por el Coronel Wenceslao Taborda y trasladado a Paraná y luego a Buenos Aires, donde permaneció catorce meses antes de ser puesto a disposición del Juez Federal de Concepción del Uruguay.

El Juez Dr. Miguel M. Ruíz inició la «causa criminal de oficio por complicidad en la muerte de Don Justo José de Urquiza». La acusación contra Mosqueira, quien era hacendado y capitán de Milicias, fue de «sedición y la perpetración de un homicidio voluntario, alevoso, por premeditación».

Contradicciones y Revelaciones en la Indagatoria:

La declaración de Mosqueira (el 1 de septiembre de 1871) fue crucial, ya que ofreció un relato detallado de la planificación por parte de Ricardo López Jordán. Mosqueira sostuvo que la orden de López Jordán era apresar al General Urquiza y llevarlo a su presencia, con la instrucción de respetar «la familia e intereses como cosa sagrada».

Sin embargo, los testimonios recabados por el juez revelaron el carácter brutal y premeditado del crimen, desmintiendo la versión de un simple apresamiento fallido:

1. Autoría Material: Los testigos identificaron a los autores materiales del asesinato. Se determinó que Ambrosio Luna (el «pardo Luna») le acertó con el balazo, y Nicomedes Coronel le propinó puñaladas mortales, incluso por debajo del brazo de su hija Dolores, que lo abrazaba.

2. Participación de Mosqueira: Las hijas de Urquiza, Dolores y Justa, declararon que Mosqueira estuvo presente en la habitación, diciéndoles que la «guerra no hera con ellas, sino con el tirano y con los hermanos varones».

3. Móvil Político: La viuda, Dolores Costa, responsabilizó a López Jordán de la muerte de su esposo debido a los gritos de «Viva López Jordán» que los asaltantes profirieron al ingresar. La banda de asaltantes, que incluía a Nicomedes Coronel, Simón Luengo y Robustiano Vera, gritaba «sacar al tirano de por medio, que estaba vendido a los porteños».

El fiscal, Dr. José Scelzi, coincidió con la familia Urquiza al argumentar que la muerte fue «un verdadero asesinato» y «proyecto premeditado de unos pocos», sin el «colorido patético» de una supuesta revolución.

Consecuencias Políticas: Usurpación de Mando y Guerra Civil

El asesinato de Urquiza formó parte de un complot más amplio para exterminar tanto al General como a sus hijos Justo Carmelo y Waldino en Concordia, asegurando la acefalía y frustrando cualquier venganza.

La consecuencia política inmediata del crimen fue la rápida asunción de Ricardo López Jordán como gobernador. Tres días después del asesinato, el 14 de abril, la Legislatura lo eligió para «terminar el período legal que faltaba al anterior». Este acto fue considerado inconstitucional, ya que la ley provincial establecía la elección de un gobernador provisorio en caso de muerte.

El Presidente Domingo Faustino Sarmiento desconocío la designación de López Jordán. Sarmiento condenó el acto, declarando que la Nación no podía permitir que «bajo la atmósfera del crimen y sobre el cadáver de su víctima, se proclama hoy en la Provincia de Entre Ríos» que la muerte «abren y cierran la sucesión del mando». El gobierno nacional intervino militarmente en Entre Ríos.

La negativa de López Jordán a acatar la Intervención Federal y su posterior rebelión armada llevaron a la guerra civil, que asoló la provincia durante casi una década, con costos de sangre, miseria y destrucción.

Legado: Impunidad y Memoria

El proceso judicial contra Mosqueira nunca llegó a una conclusión definitiva de culpabilidad o inocencia. Después de seis años de sustanciación, Mosqueira, el único imputado capturado, falleció el 16 de julio de 1874. Esto resultó en el sobreseimiento de la causa por muerte del acusado en septiembre de 1876, dejando el crimen como un «crimen impune».

El legado de la tragedia se extendió a la manipulación de la memoria y los restos de Urquiza:

1. Confirmación forense del asesinato: Aunque la bala de Ambrosio Luna hirió a Urquiza, la exhumación de 1951 confirmó que la bala fue detenida por una prótesis dental. Esto ratificó que fueron las puñaladas de Nicomedes Coronel las que le dieron la muerte.

2. Violencia simbólica: La falta de justicia y la profanación simbólica continuaron en el tiempo. La tardía exhumación y el proceso de «necrofilia oficial» que expuso, desnudó y manipuló el cadáver en 1951, fue un acto de violencia que resalta el asesinato y la figura de Urquiza en la memoria colectiva, transformando el Palacio San José en un «mausoleo dedicado a la muerte y no a la vida».

El proceso judicial a Mosqueira, aunque falló en impartir justicia, se erigió como la principal documentación que permitió comprender la planificación, la autoría y las consecuencias políticas desastrosas que se desprendieron del magnicidio de Urquiza.

El proceso contra Mosqueira fue como un único engranaje rescatado de un reloj roto: aunque no pudo hacer que el tiempo retrocediera ni logró funcionar correctamente para impartir justicia, sí permitió entender la compleja y siniestra maquinaria de la conspiración política que desató la guerra civil y el fin de una era.